miércoles, 29 de enero de 2014

Nos perdimos.

Nos perdimos en un momento que creímos imposible.
Nos olvidamos de respirar pues el único aliento que deseábamos era el ajeno, queríamos respirar el oxígeno del otro, beber de su aire y conocer el sabor de su respiración.
Aquél deseo que surgía de dos cuerpos desconocidos  que querían conocerse, tocarse y rozarse.
Aquella mirada que exigía desviarse para recordar dónde estaban.

 Pasaron los segundos mientras ambos se observaban sin percatarse de su reciente  e inesperada cercanía. Su relación había sido amigable, amena y cargada de recuerdos de risas y caracajadas que viajaban en el aire, aunque ambos las revivían a menudo en sus encuentros.

 Se sintieron perdidos porque pertenecían a los brazos del otro, sin embargo estaban rodeados de inseguridades ocultas tras una sonrisa, a primera vista real, pero que tras conocerse sabían que ocultaba sus tristezas, los golpes de una vida que les había enseñado que los fuertes lo son hasta que los débiles se crecen; que los valientes lo son hasta que el cobarde enfrenta, y que la vida te quita las personas más amadas y sinceras.

 Con todo esto, se habían permitido amar a otras personas aunque no hubieran salido bien, ni las historias ni ellos mismos. Aún así sorprendía su fiereza al enfrentarse al dolor, su fuerza para luchar y la dulzura de su mirada.
 Sin embargo,se respiraba una pregunta en el aire: ¿y si lo intentamos? ¿Qué pasará si nos arriesgamos? Ella se preguntaba si sería capaz de aceptar su desnudez, porque sabía que por una vez necesitaba dulzura, que la enseñaran a amar con cuidado para quererse h respetarse a si misma y comenzar a ver el acto  como algo puro y no un medio para el olvido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario