martes, 14 de mayo de 2013

Placer

Sentí como una mirada me perforaba la nuca, que un estremecimiento recorría mi espalda tal como si un dedo la acariciara. 

Sentí que mi piel reaccionaba ante tal sensación. Un deseo irrefrenable comenzó su recorrido desde los dedos de los pies, pasando por mi vientre hasta llegar a mi cuello y un gemido quería escaparse entre mis dientes. 

Me giré rápidamente para encontrarme con alguien con el rostro oscurecido por el deseo, parecía que sentía lo mismo que yo. Tenía los ojos del color del fondo del mar. Su lengua saboreaba su s labios de forma provocativa e inconsciente siguiendo el ritmo de los míos. 

Sin darnos cuenta nos fuimos acercando hasta quedarnos a la distancia de un suspiro. Sentía como la electricidad iba creciendo, como el impulso de acariciar a ese perfecto desconocido,... Esas sensaciones iban creciendo a la velocidad de nuestras respiraciones. 

Tras mirarnos fijamente, acortamos la distancia entre nuestras bocas para probar el sabor de un beso. Las manos fueron recorriendo el rostro hasta llegar al cuello, bajando despacio, mientras conocíamos cada rincón de nuestros cuerpos inflamando el lugar con el roce de esos dedos. Nuestras respiraciones se aceleraban a cada latido desbocado de nuestros corazones. 

Pasé una de las mejores noches de mi vida, con tal complicidad y compenetración que nos asombramos. Nuestro clímax fue mutuo, acelerado y vivo. Nos comimos sin prisa, sin presión ni nervios. Dejamos el control a nuestros impulsos. 

El placer fue inmesurable. El placer fue increíble, una de las mejores sensaciones que existen. No necesitamos palabras para expresarlo, basta el simple gemido que salga de lo hondo del vientre. 

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