¿Sabes?
Eres el único que consigue sacar esa parte más fría y dura que existe en mi; pero también la más frágil y tierna. Sólo porque sé que por ti vuelvo a creer en algo que llaman amor.
Sólo quiero que seas aquel por el que me levante por las mañanas. Aquel por el que vuelva a creer en algo que me duele porque sé que no lo compartes conmigo. Viviría cada uno de mis días junto a ti, si me dejaras. Viviría cada una de las experiencias que me depare la vida para luego contártelas mientras me abrazas y las susurro en tu oído y poder escuchar como tu voz me calma.
Quisiera hacerte saber que una simple palabra tuya puede partirme en mil pedazos, por lo que no me atrevo a decirte todo aquello que pasa por mi corazón.
Quisiera poder escuchar los latidos de tu corazón cuando te hablo, cuando me besas y cuando no estoy contigo para saber que aquella persona a la que más quiero, sigue aquí, en un mundo en el que sobrevive el más fuerte. Me gustaría decirte que me haces fuerte, luchadora y me motivas a despertar pensando en que quizá ese día te vea.
Me viste crecer, caer, levantarme, llorar y perderme. Me ayudaste a encontrarme al mirarme al espejo y pensar que pudiera gustarte lo que veías cuando me mirabas. Me guiaste cuando me perdí y aunque no nos vemos lo que quisiera, sé que cuando me duela, que cuando me pierda, que cuando te necesite estarás ahí. No veo nada malo en ello, quizá que lo que quisiera es verte en esas situaciones y en las buenas, que no fueras sólo el apoyo de un amigo.
Mil veces son las que imagino al día como decirte lo que siento. Mil veces he deseado estar en tu cama, abrazada a ti. Mil veces deseo en un segundo que me beses. Mil veces deseo que me mires y sonrías sólo porque estoy ahí. Mil veces me gustaría abrazarte fuerte y decirte que aunque caigas, te pierdas, te duela, o lo que sea que pueda atormentarte, estoy aquí para y por ti. Mil veces me gustaría acariciar el rostro con el que sueño por las noches. Mil veces quisiera sentir la caricia tibia de tu cuerpo, la calidez de tu mano sobre la mía y la fuerza de tus labios aprisionando los míos.
Mil veces... Solo mil veces te diría al día que te quiero.
sábado, 18 de mayo de 2013
martes, 14 de mayo de 2013
Placer
Sentí como una mirada me perforaba la nuca, que un estremecimiento recorría mi espalda tal como si un dedo la acariciara.
Sentí que mi piel reaccionaba ante tal sensación. Un deseo irrefrenable comenzó su recorrido desde los dedos de los pies, pasando por mi vientre hasta llegar a mi cuello y un gemido quería escaparse entre mis dientes.
Me giré rápidamente para encontrarme con alguien con el rostro oscurecido por el deseo, parecía que sentía lo mismo que yo. Tenía los ojos del color del fondo del mar. Su lengua saboreaba su s labios de forma provocativa e inconsciente siguiendo el ritmo de los míos.
Sin darnos cuenta nos fuimos acercando hasta quedarnos a la distancia de un suspiro. Sentía como la electricidad iba creciendo, como el impulso de acariciar a ese perfecto desconocido,... Esas sensaciones iban creciendo a la velocidad de nuestras respiraciones.
Tras mirarnos fijamente, acortamos la distancia entre nuestras bocas para probar el sabor de un beso. Las manos fueron recorriendo el rostro hasta llegar al cuello, bajando despacio, mientras conocíamos cada rincón de nuestros cuerpos inflamando el lugar con el roce de esos dedos. Nuestras respiraciones se aceleraban a cada latido desbocado de nuestros corazones.
Pasé una de las mejores noches de mi vida, con tal complicidad y compenetración que nos asombramos. Nuestro clímax fue mutuo, acelerado y vivo. Nos comimos sin prisa, sin presión ni nervios. Dejamos el control a nuestros impulsos.
El placer fue inmesurable. El placer fue increíble, una de las mejores sensaciones que existen. No necesitamos palabras para expresarlo, basta el simple gemido que salga de lo hondo del vientre.
Sentí que mi piel reaccionaba ante tal sensación. Un deseo irrefrenable comenzó su recorrido desde los dedos de los pies, pasando por mi vientre hasta llegar a mi cuello y un gemido quería escaparse entre mis dientes.
Me giré rápidamente para encontrarme con alguien con el rostro oscurecido por el deseo, parecía que sentía lo mismo que yo. Tenía los ojos del color del fondo del mar. Su lengua saboreaba su s labios de forma provocativa e inconsciente siguiendo el ritmo de los míos.
Sin darnos cuenta nos fuimos acercando hasta quedarnos a la distancia de un suspiro. Sentía como la electricidad iba creciendo, como el impulso de acariciar a ese perfecto desconocido,... Esas sensaciones iban creciendo a la velocidad de nuestras respiraciones.
Tras mirarnos fijamente, acortamos la distancia entre nuestras bocas para probar el sabor de un beso. Las manos fueron recorriendo el rostro hasta llegar al cuello, bajando despacio, mientras conocíamos cada rincón de nuestros cuerpos inflamando el lugar con el roce de esos dedos. Nuestras respiraciones se aceleraban a cada latido desbocado de nuestros corazones.
Pasé una de las mejores noches de mi vida, con tal complicidad y compenetración que nos asombramos. Nuestro clímax fue mutuo, acelerado y vivo. Nos comimos sin prisa, sin presión ni nervios. Dejamos el control a nuestros impulsos.
El placer fue inmesurable. El placer fue increíble, una de las mejores sensaciones que existen. No necesitamos palabras para expresarlo, basta el simple gemido que salga de lo hondo del vientre.
viernes, 10 de mayo de 2013
Momentos
Hay momentos en la vida en los que sólo deseas desaparecer y aparecer en una isla desierta en la que nadie te exige, nadie te pide, nadie te juzga y nadie te dice.
Otros en los que te gustaría ponerte delante de alguien para besarle con pasión, gritarle a los cuatro vientos que es entre sus brazos dónde quieres estar.
Hay otros momentos en los que no te levantarías de la cama porque perteneces a ese lugar con ese alguien especial que ha conseguido demostrarte que el paraíso existe entre sus labios y sus gemidos, en cada roce escondido en las yemas de sus dedos, cada recorrido de esa lengua que te aprisiona contra el placer.
Existen otra clase de momentos en los que está saliendo de lo más hondo de tu vientre una carcajada que agota el oxigeno de tus pulmones que te transportan al clímax de la felicidad.
También hay momentos en los que sientes que no puedes parar de llorar, que la sangre que bombea tu corazón son lágrimas que se pelean por salir primero y que el nudo que tienes en la garganta no desaparecerá nunca, que ya no lo soportas más.
Hay otros momentos en los que querrías publicar, demostrar, decir, gritar al mundo entero que estás ahí, que te has cansado de aplaudir a los ganadores y que es momento de crear tus propias reglas.
Los momentos de la vida no definen quienes somos ni quienes queremos ser, sino lo que hacemos con ellos en ese momento y lo que reflexionamos después es lo que va conformando nuestra vida, porque la experiencia si buena o si mala, es experiencia. Por eso, vive el momento.
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