Había un anhelo en sus ojos, una sonrisa que no se reflejaba en su cuerpo tenso y una rigidez en su postura capaz de asustar a un tigre a punto de atacar. Las manos en los bolsillos sólo reflejaban sus intentos de contenerse y controlarse; pero ¿de qué?.
Ella estaba en la pista, bailando, aparentemente ajena a todo lo que ocurría a su alrededor. Sus caderas se movían seguras al ritmo de la música y, cualquiera que la observara con atención podía ver que sus movimientos reflejaban su excitación. Era sensualidad pura, exudaba pasión y lujuria por cualquier poro de su piel. Sabía que él la estaba observando pese a que le ignoraba. "A ese juego, jugamos dos"; pensó cuando le vio entrar.
Conocía su potencial en la pista, desde pequeña la habían enseñado a bailar como si estuviera haciendo el amor con alguien, siendo fogosa, suave y llevada por el deseo.
Se imaginaba como sus manos la recorrían y sentía el estremecimiento de su piel y movía su cuerpo como si se arqueara de placer. Imaginaba su lengua recorriendo cada centímetro de su piel, descubriéndole esos puntos que la hacían gemir mientras introducía uno de sus dedos en la boca de ella, que ella saboreó, mordió y lamió oyendo como él cogía aire bruscamente sin poder evitar que un gemido escapara de su garganta. En todo eso, él no había cesado su exploración y había llegado allí donde las piernas se juntaban, hundiendo la nariz y aspirando su aroma, para luego iniciar un baile con su lengua que hiciera que ella se tuviera que agarrar a él para no caerse, hundiendo las manos en su pelo, hasta que explotara en un gran orgasmo.
Él se levantaría haciendo el mismo recorrido hacia arriba, mientras los últimos segundos de placer aún la estremecían. Se mirarían con los ojos febriles y ella se recorría los labios con la lengua. Ella sonreiría mientras sus manos comenzaban un camino que reseguiría con la boca. Dejaría que sus manos exploraran la creciente erección para ir desabrochando el pantalón e ir bajándoselos al mismo tiempo que ella se agachaba. La cogería con las manos, mirándola con hambre para saborear primero la punta y luego se la metería en la boca, la lamería y él le acariciaría el pelo hasta que sintiera que estaba a punto; para poder levantarla sin conseguirlo, mientras sus gemidos hicieran que ella se sonriera.
Se levantaría y se besarían mezclando los sabores de ambos en sus bocas. Se acabarían de desnudar y él la acercaría a la pared para que ella enroscara las piernas en su cintura y poder penetrarla; primero despacio, llenándola; dejando que ella se acostumbrara y observando cada una de sus reacciones; para ir acrecentando el ritmo de las embestidas, castigadoras, duras y exigentes.
- "Vamos, dámelo" - le diría al oído de ella.
Ella explotaría a su alrededor y él la seguiría gritando su nombre.
Se dejarían caer abrazados, él dentro de ella, hasta que se calmaran. Después, él saldría de ella, dejándole una sensación de vacío. Se levantarían, y...
La canción había acabado y notaba una presencia en su espalda. Se giró despacio y alzó la vista para perderse en sus ojos y dejar escapar un gemido que él capturaría en sus labios.
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