viernes, 12 de julio de 2013

Mar, cielo y música

Hay quien dice que no se sabe lo que es amar hasta que no se conoce la música. Otros dicen que no se conoce la pasión hasta que no se navega a mar abierto con la única protección de las velas que guían tu camino. Otros sugieren que no se sabe lo que es la libertad hasta que no se surcan los cielos sin otra cubierta que no sean las nubes.

Pienso que no se sabe lo que es la libertad hasta que no navegas a vela por el ritmo más puro y la armonía más natural, las olas. No hay impulso más firme y menos manejable. No hay belleza menos corruptible, más suave y salvaje a la vez que la belleza del agua formando olas. No hay misterio mayor en la vida que aquel que no se puede conocer con los ojos, ni tocar con las manos, ni oler ni guiar por ninguno de los sentidos. Sólo puede imaginarse.

No hay nada mejor que navegar de noche sin más guía que la luz de las estrellas y la luna, sin mayor guía que la pura intuición y el instinto de supervivencia. Sin poder saber qué puede haber bajo tu pequeña embarcación, siendo los seres marinos tu única compañía.

Al ritmo de las olas no hay pasión más incendiaria, ni mejor ritmo para dos cuerpos que se aman, que se rozan, que se hacen gemir. Dos cuerpos que se van explorando con el sabor, el olor, los oídos, la vista y el tacto tembloroso de unas manos que no pueden controlarse.

No hay mejor música que el placer de unos labios que te recorren, de unos dedos que te exploran, de unos ojos que te comen.


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