Sentir tu roce, tus dedos al suspirarme cerca que desean tocarme, tus ojos lamer mi rostro y tu lengua provocar el gemido de mi piel.
Buscar el quejido de unos labios que se muerden. Provocar el oscuro deseo del roce de su piel. Sentir que la proximidad cercana del aliento en el cuello incendia los sentidos, creando el alarido de la piel pidiendo más.
Empotrados, apretados, susurrándose palabras que acrecentan su imaginación. unos dientes que mordisquean la piel tras el recorrido de la lengua, conociendo cada rincón de los escondites del placer.
Abrazados al recóndito escondite de la piel, recorrer centímetro a centímetro su deseo, acrecentar y provocar la búsqueda del clímax. Ritmos, roces, caricias, besos, recorridos en búsqueda del propio placer, que viene por el orgasmo propio y el del que te lo provoca.
Caer juntos tras el clímax dejando que las respiraciones se asemejen acompasándose y disminuyendo en intensidad al ritmo que laten los corazones.
Unos labios que suspiran al oído "recórreme", provocando el inicio del encuentrodo de unos labios encendidos por el deseo. Las manos y el vientre empiezan un ritmo suave y lento al reconocerse, buscando la intimidad del roce, del placer del tacto y el escalofrío de unos cuerpos que se saborean.
Dejarse amar, poseer, tocar y morder. Dejarse sentir y conocer.
viernes, 19 de julio de 2013
viernes, 12 de julio de 2013
Mar, cielo y música
Hay quien dice que no se sabe lo que es amar hasta que no se conoce la música. Otros dicen que no se conoce la pasión hasta que no se navega a mar abierto con la única protección de las velas que guían tu camino. Otros sugieren que no se sabe lo que es la libertad hasta que no se surcan los cielos sin otra cubierta que no sean las nubes.
Pienso que no se sabe lo que es la libertad hasta que no navegas a vela por el ritmo más puro y la armonía más natural, las olas. No hay impulso más firme y menos manejable. No hay belleza menos corruptible, más suave y salvaje a la vez que la belleza del agua formando olas. No hay misterio mayor en la vida que aquel que no se puede conocer con los ojos, ni tocar con las manos, ni oler ni guiar por ninguno de los sentidos. Sólo puede imaginarse.
No hay nada mejor que navegar de noche sin más guía que la luz de las estrellas y la luna, sin mayor guía que la pura intuición y el instinto de supervivencia. Sin poder saber qué puede haber bajo tu pequeña embarcación, siendo los seres marinos tu única compañía.
Al ritmo de las olas no hay pasión más incendiaria, ni mejor ritmo para dos cuerpos que se aman, que se rozan, que se hacen gemir. Dos cuerpos que se van explorando con el sabor, el olor, los oídos, la vista y el tacto tembloroso de unas manos que no pueden controlarse.
No hay mejor música que el placer de unos labios que te recorren, de unos dedos que te exploran, de unos ojos que te comen.
Pienso que no se sabe lo que es la libertad hasta que no navegas a vela por el ritmo más puro y la armonía más natural, las olas. No hay impulso más firme y menos manejable. No hay belleza menos corruptible, más suave y salvaje a la vez que la belleza del agua formando olas. No hay misterio mayor en la vida que aquel que no se puede conocer con los ojos, ni tocar con las manos, ni oler ni guiar por ninguno de los sentidos. Sólo puede imaginarse.
No hay nada mejor que navegar de noche sin más guía que la luz de las estrellas y la luna, sin mayor guía que la pura intuición y el instinto de supervivencia. Sin poder saber qué puede haber bajo tu pequeña embarcación, siendo los seres marinos tu única compañía.
Al ritmo de las olas no hay pasión más incendiaria, ni mejor ritmo para dos cuerpos que se aman, que se rozan, que se hacen gemir. Dos cuerpos que se van explorando con el sabor, el olor, los oídos, la vista y el tacto tembloroso de unas manos que no pueden controlarse.
No hay mejor música que el placer de unos labios que te recorren, de unos dedos que te exploran, de unos ojos que te comen.
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