domingo, 22 de febrero de 2015

Cuando el amor...

Es cierto que nadie dijo que la vida fuera fácil. 

Es cierto que nadie sugirió que el amor fuera sencillo. 

Es cierto que todos deseamos vivir una historia "única" pero todos buscamos lo mismo: mimos, caricias y que te recuerden a diario, cada hora, cada minuto y cada segundo que esa persona adora cada parte de ti, que no piensa en nadie más y que eres su musa en la vida. 

Nos pensamos que diciendo "Te quiero" es suficiente y nos olvidamos de que el amor es algo más que querer, besar o hacer el amor. 

Amar es desear el bienestar absoluto de la otra persona, sabiendo que, incluso, si su problema eres tú, desaparecerás de su vida de tal manera que no te busque; aunque eso sea lo más doloroso que hayas hecho jamás. 

Muchas veces, lo único que hay que hacer es escuchar. Puede que tengas una persona al lado que no suela decir como se siente, pero incluso con lo que no dice, sabes que algo no va bien. Puede empezar con un distanciamiento casi imperceptible, pero tu cuerpo se ha acostumbrado a su aroma, su tacto y su presencia en la misma habitación; por lo que sientes un malestar que no sabes de donde viene. 

Hay un grito sordo de auxilio cuando alguien pasa de estar sonriendo a llorar desconsoladamente; cuando una lucha diaria por algo que puede parecer insignificante, supone un Everest en las emociones del otro. 

Hay ocasiones en las que desearías que esa persona se viera como la ves tú; y ya no sabes como hacerte escuchar, porque ves al hombre con el que deseas pasar una vida, tener hijos y envejecer juntos; ves una persona inteligente y capaz de todo, pero estás viviendo como poco a poco se va hundiendo en un agujero en el que no cabe nadie más y, aunque intentas arrojar una cuerda atada a ti para que trepe hacia la salida; todas esas cuerdas parecen romperse; dejando hilos sueltos. Tú no te rindes y sigues tirando cuerdas de diferentes maneras, pero siempre quedan hilos porque se quiebran. El problema es que cada vez que tiras de él, te vas acercando al borde del agujero. Ante eso, lo que haces es coger dos cuerdas más, atándote de la cintura a un viejo roble; y ante cada cuerda que se rompe con las que intentas que salga, tienes que atar otra más a ti y al roble. 

Aún así, parece que él empieza a hilar los restos de las cuerdas que tiene en su agujero; pero ante una dificultad se para y tú le animas a seguir, pero el agotamiento empieza a aparecer, así que a veces, te sientas a descansar, dejándolo solo ante esa situación; por lo que las cuerdas que os atan se van desvaneciendo y hay que volver a empezar. Pero nunca te rindes. Sólo te escapas una vez para coger fuerzas e intentar que él vea por lo que estás pasando y que aprenda también a expresar como se siente él, porque nada de lo que estás haciendo funciona ni funcionará mientras él no diga que le duele, que espina es la que se clava y dónde. 

Sabes, en el fondo de tu alma, que él va a ser el amor de tu vida, siempre le amarás, haga lo que haga, porque una vida sin él te duele más que las pequeñas peleas que surgen con la relación. 

Ambos habéis olvidado lo que es vivir solo, porque os acompañáis en el camino de la vida de una manera o de otra y cuando alguien se une al camino; buscas su mano para que sea y seas apoyo, un pilar seguro en la vida, una muleta sobre la que sostener tus temores y hacer crecer tus fortalezas. 

Cuando el amor se cae, se hacen algunos resquicios por los que pueden entrar las dudas, sabes que no podrás dejarle atrás, porque cerrando los ojos lo único que ves son los mejores momentos, las mejores sonrisas, los besos más dulces, las situaciones más íntimas y también las absurdas. 

Hay veces, en las que sólo necesitas coger aire, GRITAR, y volver a respirar; porque sientes que tus fuerzas desfallecen; que ya no tienes huida de los problemas porque eres muy joven y no sabes como afrontarlos ya que cada vez que lo haces, no parece haber salida ni ves una luz al final del túnel. 

Has huido hacia lo que creías seguro para ti, encontrándote extraña en un antiguo hogar, porque notas que el tuyo está en sus brazos, es donde pertenecías, perteneces y pertenecerás siempre. Aún así, no sabes que hacer porque no sabes si él siente lo mismo, y si es así, porque no se apoya para coger aire y salir de ese agujero. 

Lo único que quieres es que vuelva a ser quién es, que recupere la ilusión por vivir, sus sueños, sus motivaciones y sus ganas de comerse el mundo, porque así, ambos, seréis felices por siempre. 

Y esto se sabe, cuando el amor es amor de verdad.