jueves, 31 de julio de 2014

Resiste.

 Se enciende el cigarrillo con la mirada perdida en la nada, simplemente respirando y recordando aquello que le marcó de por vida. ¿Cómo olvidar? ¿Cómo superar? Ella se plantea si la vida hubiera sido diferente si aquello le hubiese ocurrido en el momento actual. Ella se pregunta si gracias o por culpa de eso, su vida habría sido mejor o peor. Ella se pregunta qué grado de felicidad es capaz de asimilar un corazón, al igual que se cuestiona qué grado de dolor es capaz de soportar un ser humano sin desmoronarse irremediablemente.

 Se trataba de un sueño o de una realidad oculta, en la que aquello que crees imposible al final sucede. Estaba en el escondite habitual, un pequeño recodo de un bosque cercano a casa, cuando de pronto sentí una presencia detrás de mi. 

 Al darme la vuelta sólo pude ver una silueta que se recortaba entre las luces y sombras de los árboles que la envolvían. Y de pronto, una voz susurrante:
- No deberías andar sola - dijo mientras dio un paso hacia mi, mientras yo retrocedí uno hacia atrás.

 Entonces me pregunté si debía contestarle para distraerlo o seguir retrocediendo hasta que pudiera echar a correr. Me decidí por la primera opción. 
- ¿Por qué no?

No tardó en contestarme, esta vez avanzando más rápido por lo que llegué al tronco de un árbol al que me sujeté para no sentir que las piernas me fallaban. Pude ver sus ojos, de un color antinatural, un azul transparente que era capaz de atravesar cada resquicio de mi ser pudiendo leer hasta mis pensamientos y anhelos más ocultos. Mi reacción le provocó una sonrisa torcida que hizo que mi corazón diera un vuelco, cosa que hizo crecer más su sonrisa.

 No sabía si me daba más miedo su mirada, su sonrisa o su sola presencia ante mi que alteraba todos mis sentidos. Sin darme cuenta, fuimos intercambiando preguntas sin respuestas hasta que la poca luz que podía traspasar el follaje, desapareció. 

 En ese instante mi respiración se aceleró, su cuerpo se tensó y se acercó hasta mi dejando que nuestras narices se tocaran. Me miró fijamente a los ojos y me dijo:

 - ¡Maia!
Ese grito hizo que volviera a la realidad. Miré mi cigarrillo y vi que se había consumido sin darme tiempo a darle una calada.